
Sognefjellet
- 20,99 km
- Longitud
- 6,5 %
- Media
- 1371 m
- Desnivel
- 12,0 %
- 500 m más duros
- 1398 m(GPX)
- Cima
Sognefjellet es la subida larga. Desde Fortun, casi abajo en el fiordo, la carretera sube por las horquillas hasta Turtagrø y sigue por encima del límite del bosque, y la Sognefjellshytta no la ves ni de lejos hasta el final. Sin rampas brutales, pero sin descanso tampoco hasta que estás en la meseta: simplemente no para de moler. Cuando la subimos en agosto de 2020 llegamos arriba empapados, de corto, mientras justo delante del refugio había gente esquiando de fondo por pistas recién pisadas. A mediados de agosto. Ese contraste es Sognefjellet.
La carretera
La Sognefjellsvegen se abrió en 1938, construida como obra de emergencia por jóvenes en paro. Con pala, barra, pico y carretilla, hasta doscientos de ellos se abrieron camino desde cada lado de la montaña. La Sognefjellshytta, arriba del todo, empezó siendo sus barracones de obra y abrió como refugio en 1947.
En 1997 se convirtió en la primera Ruta Turística Nacional de Noruega. En invierno está cerrada entre Bøverdalen y Turtagrø, y cuándo abre en primavera lo decide la nieve.
Desde Fortun la carretera sigue el fondo del valle antes de encaramarse a la ladera en horquillas cerradas hacia Turtagrø. Allí arriba se abre el macizo de Hurrungane, y la carretera continúa por la meseta pelada hasta la Sognefjellshytta. El puerto en sí, Fantesteinen, el paso de carretera más alto del norte de Europa, queda un poco más adelante, pero para los que vamos en bici, la cima es el refugio.
La subida
Los primeros kilómetros saliendo de Fortun son más empinados de lo que esperas. Luego afloja por el valle. Aprovecha ese tramo para encontrar el ritmo, porque después la montaña no suelta: desde las primeras horquillas hasta bien por encima del límite del bosque, la pendiente se queda constante en lo pesado, kilómetro tras kilómetro, sin un solo tramo donde soltar piernas. Turtagrø llega más o menos a mitad, y allí es fácil pensar que lo peor ya está hecho. No lo es. La carretera mantiene el mismo paso machacón un buen trecho más.
Luego se allana. Por encima del límite del bosque el paisaje es ancho y abierto, y ruedas por la meseta con Hurrungane a tu espalda. Es el único respiro de toda la subida, pero guarda algo: justo al final la carretera se levanta una última vez, el último kilómetro hasta la Sognefjellshytta.
Lo que necesitas arriba lo decide el tiempo. Nosotros llegamos de corto en agosto; aquí arriba en junio puede haber muros de nieve al borde de la carretera. Lleva una chaqueta en el bolsillo de todas formas: la bajada a Turtagrø es rápida y expuesta al viento, y si te lanzas sin ella, los dedos se te quedan rígidos enseguida.