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Trollstigen

Trollstigen

7,9 km
Longitud
8,1 %
Media
643 m
Desnivel
704 m(GPX)
Cima
Cómo sube
<4 %4–6 %6–8 %8–10 %10+ %
Por dónde va

Trollstigen es la subida que la gente va a ver a Romsdalen en coche, y la que tú vas a hacer en bici. El momento llega al pie: ves toda la carretera serpenteando ladera arriba y, en lo más alto, distingues la plataforma del mirador. El primer tramo sube recto por el valle, así que llegas calentado a las curvas. A partir de ahí es una horquilla tras otra, con el Stigfossen a tu lado hasta arriba. La pendiente se mantiene regular casi hasta el final: no hay llanos donde recuperar, pero tampoco rampas que te saquen del sillín. El último tramo afloja, y en la meseta está la cafetería.

La carretera

El Trollstigvegen se abrió en 1936, y cada una de las once horquillas lleva el nombre del capataz que se encargó de ella. La más baja es Bispesvingen. La carretera sigue siendo estrecha, y en verano la compartes con autobuses y autocaravanas que necesitan todo el ancho en las curvas.

El Stigfossen baja por la ladera justo al lado de la carretera, y en un par de curvas las salpicaduras llegan al asfalto.

Arriba, en la meseta, están el centro de visitantes y los miradores de 2012, obra de Reiulf Ramstad Arkitekter. La Fv63 sigue subiendo suave hacia el puerto, pero Trollstigen es el tramo hasta aquí.

La subida

La media dice más de lo habitual, porque la pendiente es sorprendentemente regular de abajo arriba. Busca un desarrollo en el que puedas ir sentado y quédate ahí. Abajo la carretera sube recta por el valle con la cascada de frente, y las curvas tardan un buen trecho en empezar. Luego vienen seguidas, y son de las que más nos gustan: la carretera se allana un poco en cada horquilla, así que tienes unos segundos de respiro por el interior antes de que vuelva a ponerse igual de empinada. Lo más duro está más o menos a un tercio de la subida, no arriba, aunque desde abajo las curvas altas parezcan las peores.

Cuando la subimos en agosto de 2021 la habíamos bajado antes, así que sabíamos dónde quedaban las salpicaduras de la cascada sobre el asfalto. En la meseta llega la parada que estabas esperando: desde el mirador ves las curvas justo debajo y todo el valle de Isterdalen. Tómate tu tiempo.

La verdadera dificultad es el tráfico. A mediodía en verano te cruzas con los autobuses en las curvas, y ocupan toda la carretera. Sal temprano o espera a la tarde: hay luz de sobra.